The Room

Hay que verla para creer

A todos nos gusta ver de vez en cuando alguna de esas películas tan malas de ciencia ficción de serie B. Una de esas en las que un monstruo de cartón piedra o un alienígena interpretado por un tío disfrazado, siembran el caos entre la población. Son películas en las que, aparte de los evidentes engaños visuales, abundan las malas interpretaciones y las tramas inverosímiles. También disfrutamos de las películas de terror de bajo presupuesto, en las que lo menos grave  es que se vea claramente que las salpicaduras de sangre de las pobres victimas, han salido en realidad de un bote de kétchup de alguna marca blanca, comprado en el súper frente al set de rodaje. Si vemos estas películas no es porque tengamos un lado masoquista y nos guste pasarlo mal (al menos a la mayoría de nosotros), sino porque muchas de ellas son en realidad comedias no intencionadas: los argumentos absurdos, los malos actores, los personajes secundarios salidos de ninguna parte y los cutre-efectos especiales pueden darnos un buen rato de diversión.

Muchos dirían que la peor película de la historia probablemente pertenezca a este género. Puede que sí, pero, hablando claro, muchas de estas películas están destinadas a ser horribles antes de que su guionista haya nacido. Simplemente es muy fácil que te salga algo cutre cuando tienes que llenar una hora y media de efectos especiales con cuatro duros de presupuesto y luego además, arreglártelas para intentar contratar a algunos actores con lo que te sobre, que como mucho te dará para pagar a los que hayan sido rechazados en castings de pelis porno por carecer de aptitudes dramáticas. Y cuando no te queda dinero siquiera para pagar a los peores actores profesionales que la humanidad puede ofrecerte, acabas llamando a tu cuñado para que te saque de un apuro interpretando a la mano derecha del villano en unas cuantas escenas. De modo que las películas malas en este género abundan por la misma razón por la que el hidrógeno es el elemento químico más abundante del universo: es muy sencillo de obtener dadas las leyes de la naturaleza. No hay ningún mérito en ello. Lo que sí tendría mérito es producir una película aun peor en un género como el drama, en el que no se pueden utilizar las ventajas que da el cine de ciencia ficción y terror de serie B para hacer el ridículo: no hay que gastarse el dinero en efectos especiales porque no hay, y se puede emplear en intentar contratar sobre todo a actores decentes y a un buen guionista o equipo de guionistas. Lo que sí tendría mérito es producir  un drama tan risiblemente malo que las pelis cutre-gore-ciencia-ficción parezcan Ciudadano Kane a su lado. Y tendría aun más mérito si contases con un presupuesto de seis millones de dólares de para rodarlo. Pues bien, Tommy Wiseau lo ha conseguido con The Room. Nadie, nunca, puede estar preparado para una experiencia como la que ofrece The Room cuando lo que espera es ver una película sobre relaciones personales y triángulos amorosos.

No sé ni por dónde empezar a hablar de esta película. Estoy mintiendo, sí que lo sé: es inevitable comenzar por su director, productor, guionista y protagonista Tommy Wiseau. Si es justo reconocer el trabajo bien hecho, a él tenemos que darle las gracias por compartir con el resto del mundo una obra que quedará para la posteridad. Aunque también hay algunos actores que ponen de su parte, él es al auténtico mastermind de este monumento a la horripilación. Esta película hace aguas por todas partes y el señor Wiseau controla los elementos más importantes. De estos, su interpretación del protagonista, Johnny, el  prometido de Lisa, es el que se lleva la palma. Muchos tenemos imágenes mentales sobre conceptos como mala actuación o interpretación lamentable. A algunos nos viene a la cabeza una  escena concreta de alguna peli que hayamos visto en la tele o en el cine. Otros puede que recuerden aquella película amateur que hizo por diversión algún amigo friki hace más de diez años, en la que todos los actores tenían una media sonrisa dibujada en el rostro mientras recitaban sus diálogos, aunque estuvieran hablando de cosas que no son divertidas. Os garantizo que la actuación de Tommy Wiseau en The Room remplazará esta imagen, cualquiera que sea la que tengáis, en vuestras mentes. No estoy exagerando: es poco probable que cualquier persona que no haya actuado en su vida…  ¡Qué coño!, es poco probable que cualquier persona que ni siquiera sepa lo que es el cine, ofrezca una actuación peor. Desde la primera frase te das cuenta de que estás ante algo muy grande. Lo que se me ocurrió mientras veía la película es que por alguna razón, Tommy Wiseau obtenía un bonus por actuar de la manera más falsa que pudiera. Hay escenas que ya son clásicos de Youtube (You’re tearing me apart Lisa!, o Oh, hi Mark) y durante toda la película es imposible, aunque hagas el ejercicio de negación mental más extraordinario, tomarse en serio una sola palabra de lo que dice este “actor”.

Sobre la trama de la película no hay mucho que contar: Johnny y Lisa están prometidos, pero Lisa ha acabado aburrida de la relación y se da cuenta de que ya no está enamorada de Johnny. Para salir del aburrimiento no se le ocurre otra cosa que andar acostándose con el mejor amigo de Johnny, Mark, a la mínima que se le presenta la oportunidad, mientras se comporta como una sociópata contando mentiras a sus amigos y familiares sobre Johnny y sobre su relación. Todo esto está aderezado con tramas secundarias que son una de las auténticas perlas de esta película, en las que sí vale la pena detenerse un poco para hablar de ellas. Su valor reside sobre todo en que no se concluyen: aunque planteen giros esenciales sobre la vida de algunos personajes, en la película estos se comportan como si los acontecimientos planteados por las tramas nunca hubieran tenido lugar. Por ejemplo, en medio de una conversación entre Lisa y su madre, esta le revela a su hija que tiene cáncer de pecho. La reacción de Lisa se limita a un “no te preocupes, todo saldrá bien” pronunciándolo en el mismo tono que utilizaría si su madre le acabara de decir que le han puesto una multa de aparcamiento. Acto seguido, desvían el tema de la conversación hacia Johnny y la relación de Lisa con él. La madre de Lisa vuelve a aparecer en sucesivas escenas pero nadie vuelve a hacer un solo comentario sobre el cáncer. Otra subtrama importante tiene que ver con Denny, el vecino adolescente y amigo de Johnny y Lisa, al que Johnny salva de morir a manos de un traficante de drogas (digo drogas porque en la peli no se especifica si es heroína, crack o aceite para excavadoras) cabreado con Denny porque este se retrasa en el pago de la mercancía. Se revela así que Denny puede tener un problema de drogadicción. Pero como en el caso anterior, a pesar de que varios personajes de la película presencian la escena, el tema no se vuelve a mencionar y todo el mundo actúa durante el resto del film (incluido Denny) como si no hubiera ocurrido nada.

Este caos se completa con personajes secundarios que aparecen de repente sin que el espectador reciba apenas información sobre quiénes son y que están haciendo allí, y con personajes que desaparecen transcurrida media película sin que aparentemente ninguno de los otros personajes vea necesario saber que ha sido de ellos. También hay escenas que son un caos en sí mismas, como aquella en la que Johnny va a una floristería a comprar un ramo de rosas para Lisa. La escena solo dura veinte segundos, pero algo tan sencillo como comprar unas flores se convierte en un galimatías porque la mitad de las líneas de diálogo simplemente no tienen sentido. Como espectador te da la impresión que Johnny y la florista están hablando en un código que solo entienden ellos y que solo puede ser descifrado con el equivalente a lo que la piedra de roseta fue para los jeroglíficos egipcios. La otra mitad del dialogo parece resultado del efecto de algún fármaco excitante porque de repente y sin explicación aparente los personajes se ponen a hablar a un ritmo cuatro veces más rápido del que emplea la gente en una conversación normal.

Básicamente esto es The Room. Una historia simplona, una forma de desarrollarla absurda, diálogos sin sentido que parecen escritos juntando frases al azar, personajes secundarios innecesarios que aparecen o desaparecen por arte de magia, personajes ajenos al universo que les rodea, tramas inacabadas y una interpretación del personaje protagonista horrenda. Podría explayarme más en algunos puntos que pueden ser también dignos de mención como las absurdas escenas de relleno en las que Johnny y sus amigos matan el tiempo pasándose estúpidamente un balón de futbol americano (aparentemente, no hay más formas de entretenimiento para los hombres de su edad en el universo de The Room), y la interpretación del resto del reparto, en consonancia con el nivel de la película (aunque para ser justos, hay un par de actores que se salvan), pero creo que lo que he contado en estas líneas basta para hacerse una idea general del despropósito que realmente es. La película no supone una hora y media de carcajadas, no voy a engañar a nadie. Aunque estás ante uno de los peores productos que ha dado la historia de la cinematografía, una vez que tu mente ha asimilado el nivel de las interpretaciones y el sin sentido que es el film como conjunto, hay simplemente unas pocas escenas bastante risibles. Pero vale la pena verla para saber que con seis millones de dólares una película como esta, que se ha convertido en un film de culto con pases semanales en salas de cine en los EE.UU haciendo ganar una pasta a su director, es posible.

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